Durante siglos, los avestruces han sido parte de la historia de la humanidad, han concitado la imaginación y la atención del hombre desde los tiempos remotos. Se han descubierto dibujos y grabados en piedra en tumbas egipcias, y también se sabe que los generales romanos y sus esposas usaban complementos decorativos de plumas de avestruz. Sin embargo, la domesticación moderna del avestruz no comienza hasta 1833, con la instalación de la primera granja con fines productivos en Cape Colony (Sudáfrica).
Si entre 1870 y 1900 el principal producto del avestruz era la pluma, a partir de 1914 se asiste el crack en esa industria. Será en 1945 cuando se produzca la diversificación de los productos junto con un renacimiento del mercado de las plumas, lo que da lugar una mejora de la economía del avestruz. Durante la década de los sesenta, la explotación de los avestruces vuele a extenderse en Sudáfrica debido al incremento de la demanda mundial de cuero. Hoy en día, la cabaña sudafricana presenta un censo estable.
En otros países como Estados Unidos, los avestruces se introdujeron en el año de 1882 y, a principios del siglo XX, se instalaron numerosas granjas en Arizona, y California. En Israel, el Gobierno ha favorecido el desarrollo de este sector a través de subvenciones para programas de reproducción de avestruces. Cabe señalar que, si por motivos religiosos la carne de avestruz no se consume en Israel, es sin embargo exportada en su totalidad a países como Francia, Alemania y Países Bajos. Las pieles y plumas se exportan principalmente a países como Bélgica, Estados Unidos y Japón. En la Unión Europea la cría de avestruces es reciente que en otras regiones del mundo. A principios del pasado siglo, una granja situada al norte de Hamburgo en Alemania, logró aclimatar más de 100 ejemplares.
Esta experiencia pionera en Europa demostró la resistencia del avestruz a muy diferentes climatologías, incluida la nieve. La Primera Guerra Mundial pudo más que el clima al hacer desaparecer esa granja, así como otras instaladas en Italia y en el sur de Francia. A principios de los años ochenta, el sector comenzó a desarrollarse en Europa, en algunos países como Inglaterra, Holanda y Bélgica, a los que siguieron otros, principalmente del sur, dada su mejor climatología: España, Italia, Francia y Portugal.
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